La historia

 Hace mucho que no escribo, no es que no tuviera ideas, lo he hecho, pero no para publicarlo…

Había una vez una princesa, no, eso no. Una niña, no, niña no. Existía una Ana que creía en el amor, ¿existía? Bueno, era una Ana que desconfiaba de todos y todo… que por más que deseaba entregarse, no podía, lo intentó… pero, algo no hacía ¡click!

Para ella las historias de felices por siempre, de los libros (aún con finales reales) no eran palpables, la Ana de las mil y una historias, de las películas y libros ñoños…

Pues bueno, todo inició, mucho, mucho tiempo antes, pero, digamos que cuando todo hizo “click”, fue cuando mi hermana me cuestionó, es decir, no te puedes mentir a ti mismo y no puedes tapar el sol con un dedo a la persona que comparte mucho tiempo contigo… (a parte de ti)

Mi hermana me dijo ¿te gusta verdad, y tienes miedo de perderlo de nuevo?... (o al menos algo así dijo).




Yo, con mis miedos e incertidumbre sabía que estaba en lo correcto, me permití sentir, después de mucho tiempo, sentirme vulnerable y dejarme llevar… diría que no fue sencillo, pero, con él, lo fue… Un año y meses después veo lo mucho que hemos crecido juntos, las barreras y miedos que ambos hemos derribado y seguiremos haciendo…

Que algunas historias que solo ves en películas o lees en libros, sí pasan. Puede que tú crush de la prepa te corresponda, o un amor del pasado regrese para empezar una historia y al que decías mejor amigo en tu adolescencia se vuelve, tu amigo, confidente, pareja y amante.

Al final del día te das cuenta de que las personas no cambiamos, aprendemos, nos amamos y buscamos tener la mejor versión para podernos compartirnos, ya no somos esos jóvenes de 15 y 18 años que peleaban por saber quién tenía el “control” de la situación, o la razón, ahora somos dos adultos que comparten los problemas y encuentran soluciones juntos.

Gracias, porque las historias de amor existen.  

Luz y amor.

-Ana 

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