23

Veintitrés meses tuvieron que transcurrir, 23 meses en los que el miedo, incertidumbre y ansiedad hicieron su aparición. Y no es que antes no hubieran vivido conmigo, solo que esta vez se sintieron tan cómodos con el pasar del tiempo, que decidieron recidir un buen rato. 
Veintitrés meses pasaron desde mi último salto, desde mi último viaje, desde la última vez que disfruté de nuevos olores, sabores y personas. De esa libertad que me da el sentirme dueña de mi tiempo y espacio. Y ese saltó tuvo mayor significado que los otros...

Esta vez, disfruté de un lugar nuevo, que aunque hubieron cambios en el itinerario -por la situación actual-, nada detuvo la paz, ni siquiera las llamadas del trabajo, ni retrasos... y está vez no fui sola. Tengo un compañero de viaje, que hizo cada momento más divertido y disfrutable. 




23 meses de reflexión, depuración y cambio de paradigmas. Donde en un momento de esos meses, re-apareció un viejo amigo, compañero y amor. Una aventura que no creíamos posible, se inició, y en ese brinco, me di cuenta que se pueden ir los temores y saltar con libertad. 

El brinco no fue solo físico, sino mental, ser de nuevo consciente que los límites no son reales y que la vida nos da lecciones para seguir. Veintitrés meses que se sintieron más y que ahora, se sienten livianos y con nuevos proyectos en puerta. 

Ahora, soy una Ana con más ideas, deseos y sueños por cumplir. Fue un salto a lo desconocido, a lo incierto y a la vez a una aventura única, hermosa y divertida. 

Y aunque de miedo, siempre salta. 

Luz y amor. 

-Ana 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mis nuevas gafas

Llorar para sanar

Y ahora ¿por dónde empiezo?