Justificar
Te has percatado que a veces justificamos el actuar de las personas con las que
convivimos e incluso cuando nos han tratado mal, tenemos tanto miedo de
perderles que ponemos miles de pretextos antes de aceptar que nos lastiman o
que no nos gusta su actitud.
He caído en cuenta de eso
cuando platicando con otras personas defiendo el comportamiento o actuar de
miembros de mi familia, a mis amigos e incluso a mis parejas. ¿Cuántas veces no
hemos usado la frase “no es por justificarlo, pero…”? La usamos más de lo que quisiéramos.
Justificar las acciones se
ha vuelto nuestro deporte favorito para no tomar las riendas de las situaciones
que nos fastidian. Los miedos, la costumbre y el cariño nos puede llevar a
aceptar situaciones que tal vez hubiéramos creído que jamás permitiríamos. Y
cuando realizamos tal acción ¿nos estamos respetando?
Respetamos ante todo
nuestra forma de pensar, nuestro sentir y llegamos a aceptar y respetar a la
otra persona. Al justificar también estamos deseando cambiar a la otra persona,
no digo que sea malo, sino aceptemos a las personas como son y si sus actitudes
no combinan con nuestra vida lo más sano debe ser alejarse.
Me podrían decir, Ana, y
en ¿dónde queda la tolerancia y aceptación? Una cosa es aceptar, amar y tolerar
a las otras personas y otra diferente el buscar palabras para endulzar actitudes
nocivas, violentas y que lleguen a trasgredir nuestra vida y pensamiento.
Te invito a pensar en
todas aquellas palabras que te has dicho para perdonar los arranques de enojo
de tu pareja, tus propios ataques de celos o los reclamos de tus padres.
Incluso nosotros mismos justificamos nuestro actuar repitiendo en nuestra mente
que fue lo mejor.
Dejemos de justificar y
empecemos a hablar, decir y sobretodo aceptar.
Luz y amor
-Ana

Comentarios
Publicar un comentario