Volveré

Ayer bajé de mi departamento y sentí un frío delicioso, un frío que me hizo recordar mis caminatas por Burgos, en España. Juro que sentí como regresé 10 años y mi corazón se llenó de gozo y alegría. Recordé como esa niña un día había deseado tanto conocer un lugar y volar kilómetros para lograrlo.

Ese día, llegué más alegre que de costumbre y a mi alrededor sucedían una serie de aspectos negativos, no permití que esas energías bajaran la mía, mi vibración seguía alta y mi mente abierta, debo decir que ese día todo fluyó a la perfección a  pesar de todo. Y comprendí que ese era el secreto.

Me caracterizo por ser una persona alegre, ese ha sido mi secreto siempre, el despertar y agradecer por cada una de mis bendiciones y en momentos como estos que llegan a mi vida esos pequeños recuerdos tan vívidos que me hacen agradecer aún más, ya lo he escrito antes, esa sensación de estar en el lugar y momento correctos.



Los recuerdos te dan la oportunidad de volver a sentir, volver a vivir, escuchar y oler esos espacios donde has amado la vida. Al sentir el frío en mi rostro cerré los ojos y me transporté inmediatamente a la calle de Santa Clara bajando del piso en Burgos, caminar hasta la calle del Arlanzón y ver cómo los señores mayores criticaban la obra en construcción, vi como el autobús iba lleno de todos lo sé chicos que se dirigían al campus.

Sentí en las yemas de mis dedos un frío diferente, seco, delicioso, diferente al frío húmedo de mi ciudad natal. Sentí en mi nariz y el olor de los árboles, de los cafés en el pase del espolón, escuché la plática de las personas, fue mágico, reviví cada segundo de esas largas caminatas y con el deseo de volver a esa pequeña y pintoresca ciudad.

Luz y amor.

-Ana

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