Mujer nómada

Vuelve a mí con pensamientos recurrentes, vuelve a existir esa sonrisa que conociste, volví a creer y a soñar con tu sola presencia, sabía que era momentáneo y lo disfrute, créeme. Recuerdo las veces que prefería salir huyendo por miedo, y sé que tú también tenías miedo.

Espero llegue el día en que ese miedo se vaya por completo, aunque he aprendido a vivir con él, es normal sentir que te ahogas y rápidamente tomar una bocanada de aire y respirar profundamente. Repetir en la mente "va a pasar". No es fácil ir por la vida entregándote a amistades, parejas y familia, decirles que tu naturaleza es huir y que tarde o temprano te cansarás de esa vida y te irás.

Un día me denominé como una mujer nómada, la cuál describí como aquella mujer que no se conforma con lo mundano, busca en sí misma hasta estar y vivir satisfecha consigo misma. No se permite vivir en un mismo lugar, busca nuevas aventuras, experiencias, pasión por vivir. Al final  su universo vive dentro de ellas y saben expandirlo.

Recuerdo que todo eso lo pensé en una de mis largas caminatas y escribí:

"Ahora lo entiendo, yo no soy una mujer común.
De hecho creo que ninguna lo es… cada una hace magia, con su sonrisa, con su mirada…
Con sus palabras, con tan sólo mover un dedo… lo sé, lo he visto.
O no es así, que nuestras madres son magas, desde la forma de amarnos, alimentarnos y cuidarnos…

Todas las mujeres somos magas… pero no todas lo descubrimos…"

He leído tanto de mujeres extraordinarias que han emprendido un viaje al interior y ahora comparten su conocimiento y amor con otras mujeres. En mí, he notado que algo que no he terminado de sanar es el compartir mi vida con alguien más de nuevo.

Es complicado para  una mujer nómada - como me autodenominé -  compartir una relación, pero cuando lo hacen la viven intensamente. Cuando están en una relación, viven, sienten, aman, se desgarran el alma. Dicen que probablemente exige demasiado o pide de más.

Cuando no saben, que, dentro de ella existe siempre una lucha intensa dónde quien más se exige es ella misma, quiere llegar a un equilibrio, pero, se desprende totalmente de su esencia con tal de hacer feliz al otro. El problema es, cuando llega un día que se cansa y su esencia se ve afectada, ella se va. Se va a seguir su camino, a continuar su plan de viaje, llevando con ella la pregunta constante: ¿Qué sigue?

Pobre el hombre que haya estado con una mujer nómada sin entenderla, porque en carne propia sentirá cómo le arrancan algo del pecho y sin duda volverá a amar, pero ya no buscará a una mujer como esa, loca, extasiada y apasionada. Buscará algo menos complicado, que no requiera tanto trabajo y que le prometa siempre, siempre estar ahí. Porque no querrá volver a sentir ese dolor.

Una mujer nómada vuela con sus propias alas, cuando las necesita, las extiende y renace cada mañana como el fénix. Una mujer nómada se enfrenta a muchos sacrificios, deja todo, su vida, su familia, amores, todo lo que un día es o fue… lo cambia totalmente para renacer.

No sé que tanto de mis palabras escritas hace un año sean ciertas, lo que sí sé. Es que conozco y admiro a tantas mujeres que a pesar de enfermedades, desengaños, pérdidas y experiencias negativas, siguen ahí y cada día ven hacía el futuro con esperanza, viven su presente intensamente y, bendicen y agradecen su pasado.

Gracias, mujeres nómada.



Luz y amor
-Ana

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mis nuevas gafas

Llorar para sanar

Y ahora ¿por dónde empiezo?