El viaje no planeado

El año pasado me encontraba viviendo en Barcelona, y mientras escribía las últimas lineas de conclusión de mi tesis de maestría veía una de mis películas favoritas que me llena de energía, "Comer, rezar y amar", basado en el libro escrito por Elizabeth Gilbert. De eso, escribiré después. Esta entrada se trata de cómo es que tomamos decisiones en donde la vida nos da regalos infinitos.


Al mirar la escena donde ella disfruta extasiada por la vida una rica pasta, dije... Italia está aquí, muy cerca de mí ¿Y si voy el próximo fin de semana? Y así fue, donde ingresé a comprar mis boletos de avión para ir un fin de semana y descubrir que la vida puede ser así de fácil. Debo aclarar que no fui sola, a mi viaje, se unieron compañeros que también se encontraban en Barcelona en el momento. 

Llegamos a Milán, donde fuimos recibidos por un ser de luz llamada Jimena, donde nos llevó por lugares mágicos de Milán, hicimos lo debido al llegar Mosaico del toro de Turín en la Galleria Vittorio Emanuele, la tradición dice que para la buena fortuna debes dar tres vueltas con el talón, así que: hecho.

Ahí comí todo el gelato que pude y un delicioso calzone de anchoas con alcaparras, sabores muy fuertes pero deliciosos. Que de solo escribirlo quisiera regresar.




De noche viajamos en autobús hacía Florencia, debo decir que ahí descubrí paisajes que no creía que mis ojos podrían ver, ni en una fotografía podría reflejar aquella inmensidad, quedé enamorada de respirar ese aire, de conocer a las personas y claro, tomé el espresso más delicioso hasta ese momento de mi existencia humana.


Así fue como en Piazzale Michelangelo respiré y agradecí con los brazos extendidos ver que a veces la vida es así, tomar decisiones de impulso, disfrutar de la vida, como escribí antes "parar y ver", caer en cuenta cómo mis decisiones me habían llevado a ese lugar tan hermoso, acompañado de maestros de vida, porque cada persona es un maestro del que debemos aprender.





Gracias, gracias, gracias, por cada paso que di, cada respiro, cada alimento y sobretodo por esa hermosa ciudad que pude conocer. En Florencia compartimos otra tradición local, algunas personas nos decían que si deseas regresar a Florencia toques la trompa de "Il Porcellino", otros decían que es de buena fortuna y que además si pones una moneda en su hocico y cae de su trompa al riachuelo de agua de la fuente, volverás y tendrás buena fortuna. Si esta superstición es cierta, volveré.

Gracias por leerme. 
Luz y amor.
-Ana

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